Tras mucho esfuerzo y dedicación, llega un día en el que recibes una llamada de teléfono en la que te citan a una entrevista de trabajo. Aunque no hay escrito un manual sobre cómo encarar un momento así y cada persona tiene sus propias estrategias para afrontarlo, hay una serie de detalles a evitar si no se quiere echar a perder una oportunidad.

Como punto de partida, la puntualidad debe ser fundamental. Es preferible llegar 10 minutos antes por haber tenido en cuenta cualquier imprevisto, antes que llegar tarde y trasladar sin haber comenzado a trabajar una mala imagen de uno mismo.

El presentarse mal vestido o sin una correcta higiene personal es un error difícilmente solventable. La imagen habla mucho de uno mismo y por eso es fundamental hacer una pequeña labor de investigación acerca de la imagen de la empresa para que nos arreglemos conforme a ella, dando así un aspecto profesional y de confianza.

Provocar interrupciones o mostrar nervios no son de ninguna ayuda a la hora de provocar empatía con nuestro entrevistador. Mirar el reloj o mostrar que lo que estamos viviendo no es lo que esperábamos da imagen de ansiedad y de que se tienen cosas más importantes que hacer. Recuerda, en ese momento no hay nada más importante que la entrevista de trabajo.

En cuanto al tema económico, tan importante a la hora de buscar empleo y de tomar la decisión de aceptarlo o no, hay que ser prudente. No se debe aprovechar de manera exclusiva la realización de la entrevista para preguntar sobre ese tema. Centrarse demasiado en el aspecto económico puede trasladar una mala imagen y ser contraproducente.

Por último, pero no menos importante, hay que ser amables con nuestro entrevistador, agradeciendo la oportunidad ofrecida con un balance siempre en un tono positivo.

En posteriores post entraremos en más detalle en cada uno de estos puntos (negociar un salario, cómo vestirse para una entrevista laboral…), para que vuestras entrevistas de trabajo sean lo más exitosas posible.

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