La humedad relativa, junto con la temperatura, iluminación y ruido, son alguno de los factores que afectan a nuestro confort en el lugar de trabajo. Según el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT), cumpliendo el Real Decreto 485/1997 encargado de regular las disposiciones mínimas de seguridad y salud en los espacios de trabajo, la temperatura adecuada en una oficina es de entre 17º C y 27º C y la humedad relativa, no puede ser inferior al 30 % ni superior al 70 %.

Si atendemos a lo que dicta el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT), las condiciones ambientales en el lugar de trabajo no deben ser una fuente de incomodidad para los empleados. De ahí que haya que evitar las temperaturas extremas y sus cambios bruscos, los olores molestos, la irradiación excesiva y, sobre todo; la radiación solar a través de ventanas, luces o tabiques acristalados.

¿Qué ocurre si los niveles relativos de humedad en nuestra oficina no se encuentran entre estos baremos?

Un nivel muy bajo de humedad fomenta la sequedad de las mucosas y de la piel, mientras que un exceso importante de la misma, puede provocar el crecimiento de hongos o de algunas sustancias químicas perjudiciales para el ser humano.

¿Qué ocurre si no trabajamos con una temperatura adecuada?

El trabajar con una temperatura no adecuada puede provocar resfriados o malestar, y en casos de temperaturas extremas; temblores, vértigos, desmayos o incluso trastornos circulatorios y cardíacos. En el Gi Well de este mes queremos destacar la importancia de mantener una temperatura correcta en el trabajo.

A menudo resulta complicado alcanzar el confort ambiental ya que, aunque es difícil poner de acuerdo a todos los trabajadores en una oficina, el objetivo debería ser siempre el de encontrar la temperatura y donde nadie se sienta incómodo.

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